Como el pan de cada día escuchamos las propuestas de “mejora” y “optimización” de nuestros negocios.
“Verá Ud. que luego de implantar mi mejora, su empresa podrá ganar el doble de lo que ahora gana, es más, verá los resultados en menos de 2 años”, probablemente el plan de este sujeto es que en 2 años o haya desaparecido su empresa o haya desaparecido él como prestador de servicios. Suena gracioso, pero es la triste realidad de muchos “proyectos de mejora” que se realizan en las organizaciones.
Optimizar Errores. Una frase tan infeliz como los resultados ocasionados por ésta. Si Cervantes Saavedra aún viviese nos haría volver a la escuela para que nos enseñen que los errores no se optimizan ni se mejoran, los errores se corrigen. Si, es de sentido común, pero el sentido común no es tan común; una frase conocida a la que recurriré tantas veces como sean necesarias.
Entonces,¿ qué es la optimización de errores?, ¿realmente a qué problema nos enfrentamos?,¿ a un problema gramatical o a algo más serio que eso?; mucho me temo que no se trata,sólamente, de una simple discusión del uso correcto del idioma, se trata, más bien, de una realidad que está, en algunos casos, sepultando empresas y dejando a muchos kilómetros de distancia de la línea de competitividad a muchas otras. Se trata de un problema de desenfocalización, de un análisis y una visión bloqueada, limitada por las paredes que separan a un departamento funcional de las demás otras. Tal véz sea mucho peor que ello, tal véz se trate de una desenfocalización total de la meta de la empresa.
Por ejemplo, ¿cuándo hablamos de un error o de un problema en nuestras organizaciones?, generalmente, reconocemos como problema al síntoma, efecto o consecuencia de un verdadero problema, el cual muchas veces tiene como epicentro un área muy lejana de nuestra limitada visión, probablemente se encuentre en la oficina de la secretaria . Con la ironía de la última frase, busco, más allá de lograr una carcajada, ilustrar el desenfoque actual con el que se viene evaluando los problemas en una empresa.
Otras veces se reconoce perfectamente el problema. Trás un largo proceso de investigación de la trazabilidad de los síntomas, se llega a diagnosticar correctamente el conflicto o error en el sistema, pero, ¡Oh, Sopresa!, el error o el conflicto se encuentra en un proceso, tarea o procedimiento que simplemente no debería existir, puesto que no genera ningún valor para la empresa, en terminos más comerciales, no nos hace ganar un sólo centavo más, por el contrario consume recursos. Pero, si no debería existir, entonces,¿porqué se sigue realizando ese proceso?, la respuesta es simple, porque no conocemos que procesos generan valor, y tampoco sabemos en que cantidad aportan valor para la empresa, si lo supieramos podríamos contestar sin miedo a equivocarnos las siguiente preguntas: ¿Cuánto estoy ganando por hacer la tarea A?, ¿Cuánto estoy ganando por haber contratado a “mi empleado estrella”?, si aún no podemos contestar esto, entonces no estamos en la capacidad de decir si un proceso debería existir o no.
Hemos llegado al punto de admitir que, algunas veces, el proceso sobre el cuál se concentran la mayoría de nuestros esfuerzos, no debería existir, y de lo anterior podemos llegar a la siguiente conclusión, si el proceso no existe, el error no existe o no debiera existir; pero nos avisaron muy tarde, ya hemos desplegado todo un equipo en búsqueda de la solución, que, irónicamente, solucionará un problema inexistente, pero creará uno peor y muy real, la pérdida de dinero y de competitividad.
Ahora, antes de iniciar cualquier esfuerzo por “optimizar” o “mejorar” nuestro sistema, debemos definir si lo que se va a optimizar es un proceso que realmente genera valor a la empresa, o si se va a solucionar un problema bien enfocado, que, con su solución garantiza el incremento de mis ganancias; de no ser así, nuestro proyecto de mejora ,y con ella nuestra inversión, nos llevará infelizmente, a una Optimización de Errores.
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